🚛 El Carbonero y la Coca que no era Coca
Esta anécdota la comparte Lucas, carbonero de alma, que mueve carbón en su Scania desde Garza, Santiago del Estero, para todos lados. Hombre de ruta, acostumbrado al calor, al polvo y a los kilómetros que parecen no terminar nunca.
En uno de esos viajes rumbo a Santa Fe, se le apareció un amigo de la infancia. Un chango curioso, que no era muy viajado todavía y que tenía la ilusión de “subirse a un camión grande” para conocer lo que era la vida del camionero. Lucas, con la generosidad del que sabe que cada viaje trae una historia, lo invitó a acompañarlo hasta destino.
Todo iba de diez: charlas de sobremesa, mate que iba y venía, música de fondo, y el rugido del Scania comiéndose la ruta. Pero pasando Rafaela, el novato miró de reojo y le soltó intrigado:
—Che, ¿qué hacés?
—Coqueo, pibe —contestó Lucas, como quien dice “estoy tomando agua”.
—¿Cómo?
—Coqueo, hojas de coca. ¿Nunca viste?
—Ahhh sí, creo que probé una vez…
Lucas, con toda la naturalidad del mundo, le señala el tablero del camión:
—Mirá, ahí tenés la bolsa con hojas y el bicarbonato al lado. Si querés, dale nomás, así no te aburrís en la ruta.
El amigo, con cara de “me anoto en la experiencia”, empezó a servirse. El tiempo pasó, los kilómetros también, y cada tanto Lucas miraba de reojo. Algo le llamaba la atención: la bolsa bajaba demasiado rápido. “Qué bárbaro este chango —pensaba—, parece que le agarró el gustito enseguida.”
Después de varias horas, Lucas notó que la bolsa ya estaba casi en el fondo. Y de repente, silencio absoluto. El acompañante ya no se servía más. Nada raro: quizás se había cansado, pensó Lucas, y siguieron viaje como si nada.
Llegaron a destino, descargaron, descansaron la noche y al otro día emprendieron la vuelta. En pleno camino, Lucas rompió el silencio con un comentario al pasar:
—Che, vamos a comprar más coca porque la bolsa voló en un viaje.
Y el muchacho, con una seriedad que descolocaba, respondió:
—Por mí no, loco. La verdad no me gustó mucho… se me traba en la garganta.
Lucas frenó un segundo, lo miró fijo, y de golpe la ficha le cayó: el chango se había pasado todo el viaje tragándose las hojas de coca enteras después de masticarlas un ratito. 🤦♂️
No hubo forma de contenerse: entre carcajadas, bocinazos y lágrimas en los ojos, Lucas le explicaba que no se tragaban, que era para mascar y escupir. El amigo, colorado como semáforo en rojo, se reía también, con la panza dura de tanto “coqueo truchado”.
La anécdota quedó grabada para siempre: en los bares, en las sobremesas y en cada juntada de camioneros, Lucas la repite y todos terminan con la misma carcajada. Porque si algo tiene la ruta, además de kilómetros, es historias que se mastican… ¡pero no se tragan! 😂
📢 ¿Tenés una anécdota rutera para contar?
De esas que todavía hacen reír en las sobremesas, las paradas de estación o entre bocinazos en la ruta.
En TodoTransporte queremos que tu historia también viaje lejos 🚛💨. Puede ser un papelón, una confusión, una vivencia graciosa o esa anécdota que tus amigos te piden que repitas siempre.
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Nosotros la publicamos para que toda la comunidad camionera se ría con vos (y no de vos 😂).
📬 ¡Animate! La ruta no solo se cuenta en kilómetros, también en historias.