🚛 "El bolso delator de Pantera"
Año 2022. Ruta 34, calor pegajoso, cabina con aire a medias y música de Los Charros sonando bajito. El protagonista: Rubén, alias Pantera. Le decían así porque era sigiloso para algunas cosas, pero sobre todo… porque no dejaba pasar una presa sin rugirle.
Pantera era camionero de pura cepa y picaflor de alma. De esos que tienen más excusas que herramientas en la caja, y más mensajes archivados que repuestos en el galpón. Ya estaba al borde de la cornisa con su señora, Gladys, que más que esposa parecía una auditora de la AFIP con GPS activado.
La cuestión es que en uno de sus viajes desde Tucumán a Rosario, pasando por Rafaela, ve en la banquina a una muchacha haciendo dedo, shortcito de jean, mochila y sonrisa peligrosa. Pantera frena —"por solidaridad", diría después en el acta de divorcio— y le dice:
—¿A dónde vas, reina del asfalto?
—A donde me lleves, tigre.
Error. Error garrafal. Porque Pantera no sabía que no solo levantaba a la dama, sino también una bomba de tiempo.
La muchacha —pongámosle Marlene, porque tenía cara de novela de las 21:30— se sube, conversan, risas, miradas, parada en una estación de servicio... y bueno, lo demás quedó entre el colchón de la cucheta y la cortinita del parabrisas. Al final del viaje, Marlene se baja en San Nicolás, le tira un beso volado y le deja algo arriba del techo de la cabina: un bolso floreado con ropa, bombachas con encaje y unas zapatillas con brillantina.
Pantera, más dormido que arrepentido, sigue viaje a su casa. Llega con cara de perro mojado, busca el bolso (pensando que era suyo, o eso dijo) y se lo deja a Gladys diciendo:
—Lavame esto cuando puedas, mi amor.
A los 15 minutos se escuchó desde el lavadero un:
—¿¡QUIÉN CORNO USA CORPIÑOS TALLE 95C CON LENTEJUELAS!? ¿¡Y ESTAS ZAPATILLAS DE PITUFA TUNING!?
Pantera no llegó ni a explicar. Fue echado como Adán con GPS, mochila y sin asado del domingo.
Desde entonces, se lo ve por las rutas con un cartel en la luneta que dice: "No levanto más ni el autoestima".